Pietro Salemme: VOLVER por Franco Torchia

soy
VIERNES, 7 DE AGOSTO DE 2015
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-4118-2015-08-07.html

VOLVER

Una biblioteca lgbti con más de 10.000 títulos, un museo gráfico con notas y entrevistas insospechadas, revistas militantes que duraron pocos números, revistas para adultos que duraron un poco más, que dan cuenta de lo raro, lo diferente, lo invertido en la cultura popular argentina, no siempre oculto. El director de este tesoro, Pietro Salemme, comenzó en su infancia buscando señales. Así, llegó a detectar cómo le habían cambiado el final a la reposición de la película Otra historia de amor. Como quien recorre una tienda vintage en busca de un pasado reciente, el material de este museo demuestra cómo la injuria circuló históricamente en los medios gráficos, cómo el homoerotismo alimentó ratones propios y ajenos y cómo se leyó entre líneas una vida queer que siempre estuvo allí para quien quisiera ver y también para quien quisiera espiar.
 Por Franco Torchia
En 1974, Arnaldo André imaginó (inducido por el cronista) a su “mujer ideal” y expuso en una revista las características generales de la fulana. Es una nota misteriosa y ultraviolenta: la fábrica de heterosexualidad total había empezado a encontrar en la figura del galán paraguayo al arquetipo del “choma” latinoamericano recio y de extrañas damas fajar. Una leyenda extendida cuenta que en 1975, con el exitazo de su protagónico en la telenovela Piel naranja, de Alberto Migré, Arnaldo formó junto a Marilina Ross, Raúl Rossi y China Zorilla un cuartetazo inconsciente: muchos jóvenes se animaron a ser quienes eran a partir de un imaginario cambio de roles. Así, André era para ellos el que tenía en realidad aspecto de “novia”, Marilina el “novio”; China era en apariencia más “padre” que madre y Rossi, a las claras, siempre fue muy “Doña”: la divergencia a partir de la permutabilidad de los estereotipos.
Con la potencia inherente a un punto de vista retrospectivo y el afán de construcción de un archivo ineludible, el dramaturgo, actor y director Pietro Salemme –fundador en 2009 de la primera biblioteca argentina lgtbi, Oscar Hermes Villordo, con sede en Hurlingham– recopila y comparte hallazgos semejantes a esta escena que protagoniza Arnaldo, en su museo virtual disponible en museolgtbi.tumblr.com.

La ventana indiscreta

Para no ver lo que siempre se vio ni mostrar lo que siempre fue imposible no descubrir, el espectáculo argentino hizo (y hace) de los rumores, prensa gráfica y medios afines, ficciones. Ficciones en doble dirección: ficciones guionadas o propiamente dichas, y también romances producidos o “vidas privadas” amuradas. En la lógica del candelero, el secreto es la garantía de “normalidad”. Por eso, la museología del sitio insiste en que putos, tortas y travas siempre hubo: fueron disciplinados por la letra de molde pero alevosamente revelados por la lente de las cámaras. La tapa de Radiolandia 2000 de 1991, con la actriz María Leal vestida de hombre en pleno estruendo de la comedia Grande Pa (al calor del más “Opus Dei” de los Telefé posibles), sintetiza el activismo del proyecto: el tiempo de las imágenes no es el tiempo de la historia. Las imágenes coinciden en un tiempo propio. Los discursos no. “¿Por qué se viste de hombre?” es la pregunta que rodea a la portada de Leal, en saco, corbata y peluca. Lo cierto es que está ensayando Noche de reyes de Shakespeare, ésa es la cuestión, pero la ambigüedad editorial del semanario asume la pose de una denuncia. El museo presenta cuerpos, looks y poses que manifiestan el presente perpetuo de la diversidad: aunque a la travesti Cris Miró nunca se “lo” había visto en culo, aseguraba la revista Eroticón, ni el actor Osvaldo Pacheco solía aparecer transformado en Tita Merello, la performatividad de uno y otro nunca dejó de existir: la recorrida por el museo fortalece el carácter insurgente de toda aparición pública en el pasado, el efecto de ampliación de la visibilidad en momentos en que las condiciones parecían no estar dadas. Decirse lesbiana, trans o putérrimo era casi imposible. Serlo y actuarlo, jamás.

Mi archivo, mi casa

Ante la ausencia de libros en su casa natal, Pietro Salemme comenzó a recortar y pegar portadas de películas y noticias a sus 9 años: se sentía diferente y buscaba identificación. “Me daban plata para comprarme ropa y yo comparaba música o libros. Mi papá era cocinero de la Marina Mercante y me traía de afuera casettes de Rafaella Carrà.” Con cuatro hermanas mayores y una infancia rica en recitales de Celeste, Sandra y todas las demás, Salemme confiesa que su intención siempre fue erigir una “cápsula de tiempo”: “un registro de las culturas gays atravesado por mi mirada. Yo de chico solía tener un guante de box en una mano, una muñeca en la otra y una revista porno en el medio”. El eje curatorial de su colección va de la pornografía y la prensa homofóbica al “nuevo periodismo”: hace poco logró adquirir, siempre con fondos propios, varios ejemplares de Cerdos & Peces y El Porteño, primeros espasmos democráticos de un periodismo diverso (“No quiero política partidaria, quiero política existencial”, grita Ney Matogrosso en marzo de 1986 desde El Porteño, mientras la bajada de la entrevista lo define como “Voz de mujer, travesti desnudo, provocación sexual, actitudes agresivas frente al público parecían demasiado incluso para un país que se nos aparenta ‘permisivo’”. Autogestionado, independiente y gratuito, el sistema de Pietro capta atenciones varias en la red y visitantes internacionales que viajan hasta la “perla del Oeste”. A la cabeza, investigadorxs, estudiantes y curiosxs, sobre todo extranjerxs: “Hace poco vinieron unas feministas francesas a grabar un documental. Quedaron enloquecidas al ver por primera vez en papel ejemplares de Arcadie, la mítica revista gay francesa”. Eduardo Bergara Leumann se desnuda para la tapa de Viva con todo, la primera revista erótica de la democracia: después de ver a “Claudia, la de 18” y antes de ver a “Roberta, la salteña”, aparece el cuerpo voluptuoso del artista. Está abrazando a una joven innominada. Juega: ocupa insólitamente el lugar del macho consumidor de la publicación; extraña, diversa inclusión en la serie de formas vaginadas al mero servicio del placer masculino. Posporno en posdictadura. “Todos los libros y objetos son como extensiones de mi cuerpo: puedo recordar dónde los compré, la historia paralela, que es la que más me interesa”, asegura el responsable de un sitio web que esclarece al extremo la brutalidad de las formas periodísticas: la pasmosa reducción de identidades transversales al paso de las décadas. Entre los pasquines para el onanismo y la letra rosa y amarilla de los semanarios del corazón, el Museo Lgtbi presenta hallazgos que no tributan ni a una ni a otra modalidad: por ejemplo, una fotonovela en Diferentes –“la primera y única fotonovela gay de la Argentina”, sentencia la venta, aunque editada en Uruguay– traiciona uno de los géneros más heterosexistas del mito del amor romántico y hace literatura popular con lo que hasta los primeros años ’80 circulaba sobre todo como confesión periodística. La antológica Goles pone en tapa llamaradas de alerta: la discusión sobre la seguridad en los estadios de fútbol y el cupo para extranjeros en las tribunas es equiparada con la “problemática” de la homosexualidad en el balompié. Las noventosas Nexo e Imperio, las memorias del imprescindible Carlos Jáuregui en Noticias y el autor Alberto Migré a los 66 años contándole a la revista Caras que hace diez años que está en pareja: una revelación que el redactor muestra y oculta, en la tradición de las indescifrables parejas de putos, tumbas sin nombre.

Letra rosa

Amadrinado por la periodista y gestora Natu Poblet, Pietro Salemme vio encauzada su misión cuando recibió en donación oficial los manuscritos, papeles y volúmenes personales del novelista Oscar Hermes Villordo. Hoy, museo y biblioteca funcionan a partir de las ventas que su fundador
logra cada tanto hacer en www.ayconstanza.com –librería virtual que inauguró en 2005–. Edgardo Cozarinsky, Enrique Pinti, Wenceslao Maldonado, Leonor Calvera y Kado Kostzer son algunos de los que han donado los más de 10 mil libros (Salvedad: La Biblioteca cuenta con mas de 10.000 adquiridos de manera personal. Las donaciones no llegan al 10% ). Ediciones Tirso, la gesta libresca que en los años ’50 desarrollaron los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini, ocupa un sección destacada: Salemme logró dar con más de 40 ejemplares que fueron del mismísimo Pellegrini, autor de la novela Asfalto (1964), acaso el texto más crudo de la narratología homo argentina (censura, confiscación y Corte Suprema de la Nación mediante). Abdómenes lisos y shorcitos a lo Conejo Tarantini asoman en la pretenciosa Alpher, que reseña en uno de sus números la edición local de Las amistades particulares (1944) de Roger Peyrefitte, uno de los lanzamientos más valiosos de Ediciones Tirso: el Museo Lgtbi pone de relieve cruces entre referencias cultas y prejuicios acerca de un deseo típicamente “gay”, o cómo el puto bajofondista siempre necesitó actuar al amparo de un horizonte literario que legitimara su devenir, entre la ornamentación artística de su vida y un sexo condenado a la clandestinidad. Mujeres, en cambio, aparecen sólo en situación porno-industrial, a excepción de las pasajeras del tour a Puerto Pollensa. Por lo demás, siempre en función del ojo macho. En el Italpark, en 1990, Pablito Ruiz baja de las hamacas voladoras con su primera novia, en exclusiva para Radiolandia; en abril de 1984, Shock, la revista bomba, anuncia “Los sueldos de la tv” seguido de “¿Por qué Monzón cambia tantas mujeres?”, seguido de “Nos metimos en el mundo gay”: aproximaciones exploratorias, porque la restauración democrática argentina fue una excursión distante. “El cura casado se confiesa,” confirma Destape, y promete a Gogó Rojo en su esplendor español. Sin embargo, se pregunta “¿Es un orgullo ser homosexual?”: pasen y lean. Descubran las “Claves para la virilidad eterna” y comprueben cómo un transexual debate con un médico y “desafía a la ciencia”. En el ’88 Flash, de Héctor Ricardo García, creador de Crónica, ponía el foco en “Travesti casado por civil padre de un chico”: Vanesa Leroy, tal vez la misma que años más tarde solía publicar en el Rubro 59 del diario Clarín “Vanesa Leroy, te parte la cola hoy”. Salemme alterna el recorrido expositivo con objetos de su infancia o juventud: el pijama del grupo juvenil español Los Parchís, los suecos originales de Suecia y originales de ABBA y miles de horas de televisión y cine que conserva todavía en formato VHS: todos los unitarios del ciclo Atreverse, que el director Alejandro Doria produjo entre 1990 y 1992 para Telefé y que en más de una entrega trató historias de conflictos emocionales y dilemas sociales frente a hijos gays o personas trans (hipnótico, en uno de ellos, el trabajo de Miguel Angel Solá): “Para el Mundial del ’86 mi padre trajo una videocasetera. Yo siempre tenía un casette virgen preparado para grabar lo que sea”, cuenta Pietro. Cuando (de vuelta) Telefé programó el film argentino Otra historia de amor, de Américo Ortiz de Zárate, el canal decidió cambiarle el final: Pietro, que había alquilado la película y tenía su propia copia, llamó a la emisora para quejarse, porque para la gerencia Yankelevich en lugar de tener su desenlace “feliz”, la historia de amor entre Arturo Bonín y Mario Pasik terminaba antes, como cualquier relación imposible: besos, caricias y vida en común, afuera. Esa copia del film es la que siguen emitiendo hoy señales como Volver.


El órgano de los homosexuales y otros peces

El Museo recopila pliegues: con la exhibición arranca el activismo: el pasatismo de Viva con todo anuncia, a lo Jorge Corona, que acaba de salir “El órgano de los homosexuales”, es decir, Boletín, “el medio de difusión quincenal de la CHA”: “Si usted no es, haga de cuenta que no leyó nada. Si usted no sabe bien si es o no es, cómprelo. A lo mejor se decide”, concluye el aviso. Bañista y acompañado por otro caballero, el galanazo Rock Hudson visita Mar del Plata antes de su “peste rosa” y preparado para la peste de ser entrevistado en El pueblo quiere saber. Alejandro Urdapilleta se cansó “del culo y el taco” y en 1984 al artista y curador Jorge Gumier Maier ya no le cabían dudas: “Somos todos maricones”. Aquí y allá, entre anaqueles y pilas, la estrella porno Jekk Stryke y sus 25 cm de pene: el registro de su desembarco menemista y su visita a la disco Búnker, porque de la musculación no era posible liberarse. Son los tiempos en los que el periodista y conductor Juan Castro mete una cámara oculta en una tetera porteña para su ciclo de tv Zoo. A diferencia de un museo destinado sólo a la conservación de la memoria, el historiador alemán Benjamin Buchloh concibe lo museístico en la actualidad como espacio de resistencia, oposición y crítica: un centro de producción y no sólo de conservación. Un llamado de atención y un llamado al pensamiento activo en tiempos de igualdad discursiva y desigualdad ancestral: “Si el Papa estuviera embarazado, el aborto sería un sacramento”. Cerdos & Peces en julio del ’95: veinte años después, la oración es la misma.
La revista Viva no es la que se conoce hoy, sino la primera revista erótica de la democracia. La colección, que se puede encontrar en museolgtbi.tumblr.com y en Facebook como Biblioteca Lgtbi Hurlingham, incluye material del incipiente activismo/erotismo como la revista NX, así como ediciones de libros que aún se consideran descatalogados, como las Memorias de Paco Jaumandreu.
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Es larga la carretera de Pietro Salemme

Un día dejaremos de ver Esperando la Carroza. No sé cómo, pero sucederá. Y dejaremos de poner Flash Gordon para escuchar el tema de Queen y cantarla por fonética, solo la parte que suspira un A-Á luego de decir Flash. Y dejaremos de hacer sucutrule, y de preguntar qué gusto tiene la sal, y de contar el cuento de la buena pipa a cada nuevo niño de la familia o de los amigos. Y cada cual atenderá su juego, y nos importará un carajo que la Farolera se tropiece, y que la viudita del barrio del rey sea lesbiana, y que la otra, la misteriosa de Titanes en el Ring se vaya finalmente con Martín. Un día dejará de suceder. Dejaremos de poner Stand by Me para creer que en la amistad, y ya no bailaremos con Las Aventuras de Priscila Reina del Desierto, y no podremos volver a conseguir púas para el combinado que hacía girar los discos de Abba. Entonces no habrá más Reina de la Noche, las Mama Mía estarán muertas, Waterloo será una guerra perdida, Chiquitita nunca te dirá el por qué. La Fiesta habrá acabado y nunca volveremos a escuchar a Raffaella Carrá cantando en castellano. No sabremos siquiera donde ir para enamóranos. Habremos perdido la brújula, dejaremos de ser Viajeros como lo fueron Jon-Erik Hexum y Meeno Peluce. Y no habrá vhs que nos permita Volver al Futuro. Nunca volverán Las Oscuras Golondrinas, ni Juan Salvador Gaviota, ni las Blancas Palomitas, ni las Ballenas de Agosto, ni creeremos ya en eso que de Ningún Lugar Está Lejos. No nos importara que hayan Setenta Balcones Y Ninguna Flor, ni que nada nos devuelva a la Polaroid. El viento será una posibilidad. Y el sol, no siempre estará. La canción será otra, y los himnos se habrán olvidado. Ni Soy Lo Que Soy, ni Cabral soldado heroico, ni azul un ala, ni siquiera las Confesiones de Inviernos. Pato Seguirá Trabajando En Una Carnicería. Nosotros Rasguñaremos las Piedras. Pero El Cartero dejará de llamar dos veces. Por piedad olvidaremos todo. Hasta la simple receta de los Tomates Verdes Fritos. Ni siquiera tendremos el coraje de acelerar como Thelma y Louise. Ni de cumplir con El Ritual de la Banana. Ni las ganas de bailar. Ni el recuerdo de Flashdance, del Dirty Dancing, de que la Fama cuesta y que en algún lado se comienza a pagarla. Pero no habrá forma. Ni Fama. Ni Cronopios. Ni Esperanzas. No me es indiferente. Pero no estará Madonna (¿quién es esa chica? dirán algunos) para volvernos como vírgenes, ni para pedirle a nuestro padre que nos sermonee, ni para la Fiebre, ni para las plegarías. Habremos olvidado hasta el mantra de Boy George. No tendremos fuerzas ni para exigir Un Poco de Respeto. Todo será un Drama. Un Blue Svannah. ¡Y a volar las piezas del Domino Dancing! ¿Quienes nos habrán visto y quienes nos verán? No echaremos maldiciones, por los días hermosos, ni malditas serán las novelas de las que quedarán manchones como tinta en papel secante. El cuaderno forrado en papel araña, las poesías de Anteojito, las láminas del Billiken. Algún día la Historia tendrá Fin, a pesar de que sigamos llorado la muerte del caballo hundido en el lodo, por no soñar, por no tener esperanzas. Y Atreyu no volverá. Y Bastián no encontrará el libro nunca más. Y seguiremos llorando la destrucción de Fantasía. Llorando el primer beso de Maurice. Y el tiro al Corredor de Fondo. Y caeremos en El Abismo. En El Triángulo de las Bermudas, donde la nostalgia también desaparece y se pierden todas las posibilidades. No nos resistiremos. Porque ni siquiera nos daremos cuenta. Porque habrá un paredón, pero no habrá un después. Y será Una Herida Absurda. Se nos irá Redepente. Por Gilas, sin ser Vivas de Verdad. Solteremos la brasa. Y no pondremos la otra mejilla. Volverá a ser prohibido pisar el césped en Esta Noche en Este Mundo y será tremendamente insoportable la insoportable levedad del ser. Trataremos de creer en La Inmortalidad, que La Vida Está en Otra Parte... Pero vendrán a cuento las guerras de las cuales Mambrú nunca volvió. La piedra que Sísifo cargó. La espera en el cuarto de hotel. La sangre de cerdo en el cuerpo de Carrie. La lobotomía a Frances. Olvidaremos La lección de Piano que le dió a Sybil su madre, cada vez que la ataba por horas hasta que ella se orinaba. Nunca volveremos a preguntarnos quien mató a Laura Palmer, ni Qué Pasó con Baby Jane, ni Quién extenderá la cama, ni Por Quién Doblan Las Campanas, ni Qué he hecho Yo Para Merecer Esto. No habrá motivos para Volver. Ni margaritas para Margarito. Y seremos Gigio sin Rosita. No puedo perdonármelo, pero tampoco evitarlo. Tendremos hambre. Y conoceremos la respuesta a la incógnita: Si Digo, Pan, ¿Comeré?... 
Hubo un tiempo que fui hermoso y fui libre de verdad, Viajé al Centro de la Tierra, fui La Peor de Todas pero de Eso No Se Habla. Volví perfumado de Pibes y Coqueterías tras haber entregado Una Libra de Carne. Fue todo un Cambalache, Cipriano no despertaba. Y lo que fue de mí, no He Visto a Dios. 
Es que Yo Quería Ser Mayor, pero ya no te recuerdo Amanda. Y me levanto Temprano en la Mañana...
Es  Larga la Carretera Cuando Uno Mira Atras. 

Pietro Salemme

Texto Emancipado I de Variaciones 3,1415926535 de Pietro Salemme


Afuera hace treinta y seis grados y aquí dentro cuarenta. Estuve todo el día sentado en una silla que transpira frente a un monitor que me enceguece. Intento buscar en el movimiento de mis dedos sobre el teclado imágenes precisas, concretas diferencias que se marquen insólitas o al menos cobijen un trazo apartado del contexto coloquial y cotidiano. 
Y vos crees que podes irte, o quedarte en tu casa, o mudarte de cueva o pintarte la carne con la ropa de las vidrieras más visitadas. Tu sufrimiento se compadece del mío y eso me torna salvaje y animado, me muta en esta maza de desconsuelos consolándose con la voracidad del acto. Para escribir, primero hay que estar destruido, nadie puede citar dos líneas creíbles  tipeando a diez dedos. 
Rifé mi cuerpo en incontables oportunidades, pero eso no es nada en comparación de lo que hice con mi alma. Todo para que alguien se quede en su casa y crea que es cierto lo que sucede, que es real lo que hace cuando se levanta y encuentra el desayuno listo. Yo me miro al espejo para aniquilarme, conozco los valores y significados de estas palabras. Me suicido en cada hombre que toco, y me quedo con sus propias muertes. Así lo quisieron los hipócritas del consulado de la fe cuando profetizaron sobre mi feto desahuciado.
La espalda y el respaldo de esta silla calurosa son, con el correr de las horas, de una misma materia. Fatídica fiebre que esparce sus despojos y vicios por toda la habitación para dejarme abandonado en medio de una telaraña de insectos secos, enredado en una seda de polen y tierra sin raíces precisas. ¿Y te crees que es cierto?. No me queda otra cosa que escribir desde este ímpetu, porque lleva años de insomnio construirse un despojo de nada, un cuarto para encerrarse, un viscoso recinto donde todo lo que hay remite a lo que fue. Pues, solo quedan retazos, partes incompletas. 
No me hace feliz este engendro que crío dándole de comer en la boca y matándolo de sed sin mas padecimiento que mi propia desesperación. Los otros siguen en sus calles amargas pero que saben a dulces licores. No confío en ninguna otra posible realidad porque he sido custodiado desde pequeño por las lobas hambrientas de la vacuidad. Un vago trastorno alimenticio me asegura la anomalía deseada, horarios corridos y soles que me atragantan mientras duermo. El dinero solo es necesario para comprar cigarrillos, mas allá de eso no sirve para nada. Pero vos, si queres, limpiate el culo con el mejor papel. 
Puedo estar escribiendo que igual mi cama mostrará los sueños de otros, pedazos de carne que se me vuelven desconocidas después del difuso orgasmo pretendido. Porque todos los amores caducaron con el solo nombre de lo perpetuo, lo único que trasciende es la yuxtaposición de engendros con venturas glaciales. Porque todo es frío como este calor que me consume, como este aire que no pasa por el mosquitero de la ventana porque esta gordo y seco, como estos codos que bailan boca abajo a los costados de la silla, de mi cintura y mis caderas martilladas por paletas de ventiladores moribundos. 
Por un manojito de mentiras uno se muere de felicidad. Novias en celo arrojando el ramito al infierno de las hambrientas solteronas. Altarcito. Cruzar los dedos todo el tiempo porque nadie te mira cuando hablás. Pronunciar lo bestial con un sonido decidido y pegajoso. Una bolsa de pelotas tiradas cerca de la puerta. Un vaso frenético. El sarro en los tobillos. Testículos que se asfixian de calor y solo producen espermatozoides muertos que se estrellan contra la pendiente de tu huella despareja y sin sabor alguno. Me queman las palabras como si estuviese recostado boca abajo en un colchón de lamparitas encendidas. Nadie ha de morir por estas cosas, suceden todo lo que dura una vida. Nunca podrás dejar de escribir barbaridades. Ni dejaras de ser supersticioso. Creer en Dios facilita las cosas a cualquiera, ¡pero creer en las palabras!, con eso ya sabes lo que pasa, y la fe no es algo que se modifique, podes cambiarle el nombre pero seguirías sintiendo lo mismo; llamálo Dios o como quieras que de igual modo te vas a comer vos mismo sobre los cuerpos de los otros, y derrocharas palabras cariñosas como un estúpido escritor pervirtiéndose sobre el escritorio, y venderás tu alma a quien diga que ha de cuidarla, y comerás frutas venenosas, y todo, todo, absolutamente todo para no faltar a tu condena de escribir. Nadie te va a creer nunca. ¿Quién te va a creer si no tenés la dignidad suficiente como para salir a comprar un cuarto de pan o un kilo de helado? ¿De qué podes escribir si no conoces los códigos de los que caminan por el medio la calle cuando es de noche y las veredas están plagadas de árboles?. Sos un estafador sin mas cómplices que un reguero de recuerdos repentinos pero que nunca te dejaron dormir en paz; un corazón abandonado en el canasto de la basura de un vecino; porque ni siquiera tenés un canasto donde arrojar tus desperdicios. Yo me quedo con todo, siempre guardé todo, siempre junté porquerías que no me servirían para nada. Porque algún día podría olvidarme de todo. Y los objetos no te recordarán nada, si olvidaste, ya te olvidaste. Y para qué tirar, si las cosas tienen sus propios destinos. Guardé todas sus cartas, pero las mitad me las comieron las ratas, junto al chupetín cordobés de dulce de leche. O sino se pierden, te las roban, siempre algo les pasa, ¿viste?. Por eso, morite tranquilo, que los que queden van a hacer una fogata con todo lo que juntaste. Tal vez ni eso, va a ser peor, van a sacar todo a la calle, a la vereda y de a poco va ir bajando la pila, los que pasen se detendrán a revolver tu basura, conocerán tus secretos, sabrán qué comiste, qué soñabas, qué escondías de las miradas indiscretas; y el resto lo irán construyendo ellos mismos, se alejarán llenos de objetos y de suposiciones a sus casas o la de nadie. Tranquilo, a cada uno le pasará lo mismo. Por eso voy a escribir todo lo que me prohibieron sin carteles en la boca, sin cintas, sin palabras. Le daré yo las palabras a los oscuros epitafios de los vivos por succión. Quiero escribir hasta morirme de risa, de calentura, de humo, de letras. Lo voy a hacer como quiera; nunca me importó el precio; puedo pagarlo, sea cual fuera. Ya lo he comprobado. Mi padre me prostituía. Mi madre me violaba. Por eso puedo hacer cualquier cosa, ya no hay dolores corporales. Lo peor es cuando me pongo triste y extraño. Me voy a morir de viejo, de cualquier cosa, no por todo este mundo deformado de mutantes palabras negras, alargadas y conceptuales. 
Me voy a recostar, afuera hace cuarenta grados y aquí dentro mucho más.

Fotos de Pietro Salemme
sobre el episodio protagonizado por Ariel Fernandez
Texto Emancipado I de Variaciones 3,1415926535 de Movimientos sobre la Quietud - 2008 - MUSEO/Casa Batato Barea
Dramaturgia y Direccion: Pietro Salemme


Texto integro sin correccion del Episodio Texto Emancipados I de Variaciones 3,1415926535 por Pietro Salemme





Movimientos sobre la Quietud de Pietro Salemme


Estate quieto. La quietud es un sendero demasiado cotidiano. Convive con nuestros recuerdos, nuestras inapetencias, y se jacta en cada mal del nuevo milenio. Sin embargo las nuevas formas de relacionarse han logrado poner un manto sobre la incertidumbre. La incertidumbre encontró una certeza: calcular la vida útil de absolutamente todo, las fechas de vencimiento me despiertan cada día. Y con ellas hemos hecho el amor. No te muevas. Detenerse un instante, hoy, es revolucionario.
Mi quietud me adormece, me agobia, pero también me levanta y conduce y me surca, tan desprolijamente…
Yo aprendí a quedarme quieto cuando me mataban a palos, sólo por miedo a matar, a desencadenar esa violencia no innata, sino generada. ¿Vos no? Yo sí.
Después escribí. Escribí mucho.
La quietud cobra formas insólitas. Vas a verlas.
Ya las viste.
Parecerá inapropiado pero es simplemente contradictorio: a veces las cosas quietas guardan más movimientos que cualquier otra.
No salgas con este viento, puede volar una chapa y cortarte la cabeza. Si la quietud y el encierro tienen algo que ver, seguramente habrá que conversar con los temores y los modernos ataques de pánico. ¿Cuánta angustia le cabe al hombre?
Si estallara la quietud, todo se llenaría de palabras: desierto, espera, recuerdo, objeto, fotografía, teatro, pueblo, soriasis, pavura, deseo, tronco, trunco, encierro…
La quietud implica, necesariamente, permanencia. Aquello que desaparece es porque entró en movimiento y fue adaptándose a las circunstancias. La quietud no se adapta: muta, versa sobre si misma, se desvanece y se enciende en si misma, se purga de soledad y carga sus tintas sin anestesias. La quietud se transforma, no se adapta.
Que no vean lo que hay dentro. Lo siento, he sido demasiado desobediente. Supongo que es el simple sangrar de las heridas y las sonrisas. Por el tajo se derrama.

(Texto del programa de mano del espectáculo MOVIMIENTOS SOBRE LA QUIETUD de Pietro Salemme http://sobrelaquietud.blogspot.com.ar)

Un chico curioso en Amsterdam... de Pietro Salemme


Un chico curioso en Amsterdam...
Y las luces rojas del barrio rojo, reflejándose rojas, muy rojas en los blancos cisnes y en las "orinosas" aguas de los canales... 
Todo era olor a marihuana. A sexo insatisfecho. A chinos negociando con el aburrimiento de las chicas de la vidriera. Personas tras el cristal, ropa interior gastada, sonrisas forzadas, cuerpos que se arman y se desarman como el cubo de Rubik. Donde el sexo se mira, se supone, sugestiona y no se hace. Amsterdam.




Ese oscuro objeto de turbación por Pietro Salemme

Te voy a contar una historia. La de este objeto que desde hace años destiné a la Biblioteca. 
Para ello, tengo que volver al comienzo de una década: 1990,  a mi primer año de secundaria, a un colegio de Hurlingham, de curas, pero mixto. Luego de formar rezábamos un Padre Nuestro, un Gloria y un Ave María. Cada tanto se realizaba una actividad extra y abligatoria los días Sábados, iba el presidente de aquel entonces: Carlos Saul Menem, decía unas palabras, cantábamos el Himno Nacional Argentino, luego se ponía los cortos y jugaba un partido con equipo seleccionado. Mientras que a lo largo de media cuadra se extendían los chorizos y la carne a la espera de ser asados. Pero el alumnado era el convidado de piedra. Lo mejor era cuando uno podía irse y alejarse de las instalaciones del Cardenal. Y de su pequeña capilla donde en mas de una vez me encerré con compañeros a ver revistas pornográficas que llevaba. 
Un día de clases llevé en mi mochila con orgullo y cierto fetichismo este objeto de la foto. No causó mucha curiosidad en mis compañeros y compañeras. Pero alarmó al preceptor que teníamos. Un pibe que había pasado los veinte años hacía muy poco tiempo y que seguramente sabía menos de la vida de lo que yo ya sabía con mis quince años. No recuerdo su nombre. Quisiera nombrarlo pero no lo recuerdo. Si que era alto, delgado y se rapaba. No era un skinhead, se dejaba baja el pelo al ras. El preceptor interceptó mi tesoro y se lo llevó a donde suelen llevarse las cosas los preceptores: a la preceptoría. 
Este objeto que digo mio. En ese entonces era casi mio. Pertenecía a una de mis hermanas. Pero ese fue el comienzo de la apropiación. 
Me pasé el día pidiéndole que me devolviera lo que era mio. Pero se negaba o directamente me evitaba. Al final de la jornada, cuando ya nos estábamos retirando del aula vi que lo tenía en sus manos. Yo estaba indignado, furioso, y algo desconsolado, pensando que nunca lo recuperaría. Pero me lo dió. No enseguida. Lo extendió, y lo sostuvo firme en el aire, casi como esos pastores que blanden biblias en los sermones. Y mirándome a los ojos, me dijo muy firmemente: "Nunca mas traigas al colegio fotos de lesbianas"
Agarré el álbum y me volví a mi casa. 
Desde hacía años mi hermana guardaba allí fotos que sacaba ella misma o compraba antes de entrar a los recitales. También había programas, autógrafos y entradas de Opera, el Gran Rex, Shams, La Casona del Conde de Palermo... Las lesbianas, que decía el preceptor (ese pobre tonto) eran mis cantantes preferidas, las que me hacían sentir menos solo al momento de pararme ante el mundo como un chico al que le gustaban los chicos desde muuuuy chico. Eran las que me daban letra y me ensañaban lo que en otro lado no aprendía. Eran las mismas que hicieron que a través de sus canciones que yo no debiera darle muchas vueltas al asunto de "Nunca mas traigas al colegio fotos de lesbianas". Primero porque siempre fue desobediente de los paternalismos autoritarios y berretas, segundo porque ya en ese entonces no creía en el "Nunca" ni el as prohibiciones. Y tercero porque era un pendejo que a pesar de tener pocas herramientas para defenderse, sabía muy bien lo que querías. Y porque al primer recital de Marilina Ross me llevaron a los nueve años. Porque en mi cuarto tenía pegado el póster de cuando Sandra Mihanovich y Celeste Carballo presentaron "Mujer contra mujer". Por eso seguí llevando ese album de fotos de las chicas, mis cantantes favoritas todas las veces que quise. Como un montón de libros que ni asomaban en el programa. Pero este preceptor, debería ser de la clase de personas que solo puede ver lo que le es evidente. Rimbaud, Baudelaire, Verlaine, le pasarían desapercibido, como le debe haber pasado la vida. 

Es curioso un episodio anterior a esto. En mi casa sonaban todo el día los cassettes de las chicas. Yo aún no había ido a ese primer recital de Marilina siquiera y la verdad que las detestaba. Y solía esconder los cassettes. Un día, los envolví en una sabana, me subí a una silla, y tire el bulto en la parte de arriba del placar, bien al fondo. Era un placar enorme, con diez puertas, divididas en dos módulos, y cajonera. Y además, tenía llave. Asi que, también cerré con llave. Hoy me río de ese acto simbólico de encerar en el armario. 
No tardé en encontrarme en sus canciones. 
Ahora tengo una Biblioteca llena de lesbianas, de travestis, de maricas. Y mirando hacia atrás me enorgullece ver que aquel preceptor (que quizá se fue al baño a masturbar con el álbum de fotos de Sandra, Celeste y Marilina) no pudo amedrentarme. Porque a lo largo de mi secundaria, cada vez que se abría la puerta para hacer un trabajo practico de tema libre yo elegí pararme delante de la clase para mostrar esos recortes, esos videos, esas escenas de películas que hablaban de de lesbianas, de travestis, de maricas. Y debo decir que siempre fue muy positivo. Sobretodo en lo personal, porque me empezaron a ver de otra manera, quizá porque empezaban a entender algo o a descubrir algo diferente a lo que suponían. Tercer año fue el mas duro (ya en otro colegio). Fue tan duro el hostigamiento, el escuchar "puto, trolo, maricón" que cada vez que pasaba que algo me debe haber hecho reaccionar y ganar seguridad. Así empezó ese tercer año de la secundaria, que terminó con una medalla de Mejor Compañero, votado por los mismos compañeros que en el comienzo me agredían. Y con la posibilidad de decirle a otro chico, en un aula vacía,  que desde hacía un año, estaba perdidamente enamorado de el. Pero esa, es otra historia...

SIAMESES - dos textos que no deberían ser desmembrados de Pietro Salemme


SIAMESES - dos textos que no deberían ser desmembrados
de Pietro Salemme 
publicado en La Marica Ilustrada N° 5







Eran los de antes por Pietro Salemme

Nota aparecida en suplemento SOY de Pagina/12
"Eran los de antes" por Pietro Salemme

En el SOY la nota original fue editada. Aquí, el texto completo:

ENTRE MACHOS
Miguel Rodriguez Ayçaguer es escritor, librero virtual, coleccionista, y por sobretodo un recolector urbano. Con cantidad de horas hombre encima inclinado sobre cajitas con fotografías antiguas ha encontrado en las ferias la fuente de su último libro: “Entre Machos. Fotografía y Amistades Viriles en el siglo XIX y XX” (Ediciones El Olmo, Buenos Aires, 2012) Por alguna razón la intimidad de muchas personas ha sido dada al público en general a través de las miles de fotos que los familiares incluyen en el lote con las cosas del recién fallecido. Omisión. Olvido. Hastío. Desprendimiento. No se. Pero los recuerdos salen a la venta con más asiduidad que el pan. 
El recolector muchas veces es un puente entre una persona y otra, y a través de el, el objeto se desliza. Pero en ocasión, es también el encargado de conservar. Y en este caso, de organizar. Estas funciones dan como resultado un libro que es un “poner el ojo y sembrar la duda”. 
¿Cuándo comenzaste a interesarte en la fotografía?
Desde joven he coleccionado fotos antiguas, postales, monedas y otros testimonios de épocas pasadas. El cine y la lectura llenaron mi adolescencia, descubriendo nuevos mundos y las vidas de nuestros antepasados. La  atracción que ejercían sobre mí las fotos ajenas, se refería, en principio, al hallazgo de imágenes “bizarras”, fotos que llamaban mi atención por lo extraño de la pose o de los sujetos fotografiados. En mis andanzas por ferias y anticuarios, fui descubriendo el rol que muchas de esas fotos tuvieron para los inmigrantes que llegaron al Río de la Plata, como forma de comunicación con los parientes a través del Atlántico. En forma paulatina fui incorporando otra “lectura”  sobre acontecimientos y relaciones personales que las fotos me revelaban.  A medida que crecía la colección, iban apareciendo “grupos” de fotografías similares en la forma o en el  contenido que muestran. Muchas de esas fotos marcan una época en las costumbres y en los cambios sociales. Así las fotos de los muertos (ancianos y “angelitos”) que llevaban la mala noticia al otro lado del océano; las imágenes de los recién casados y su evolución en el tiempo, con la incorporación de una notable refinamiento en las poses; las curiosas tomas de los esposos posando junto a los regalos  de casamiento recibidos; las fotos de grupos en despedidas de solteros o fiestas estudiantiles, donde  percibo el deseo de destacarse de algunos de los integrantes de esos grupos.
¿Qué sucede “Entre Machos” en las fotografías con las que fuiste dando?
En el caso de los grupos masculinos, es frecuente la pareja que se une en un abrazo o simula un beso, en las despedidas de soltero aparece el travestismo, uno o varios integrantes portan peluca o vestuario femenino y en no pocas ocasiones, aparecen objetos usados como símbolos fálicos evidentes. Estas fotos me conducen a vincular el desarrollo que adquiere entre nosotros la fotografía desde fines del siglo XIX y en especial luego de la aparición de las cámaras individuales en el XX, con la mostración de las amistades masculinas y su proceso de visibilidad. Muchas de esas fotos fueron tomadas sin ánimo de épater le bourgeois (otras en cambio sí, parecen indicarlo) pero hoy parecen portar un claro contenido “gay”, a pesar de que la mayoría de los sujetos fotografiados no hayan sido homosexuales.
¿Contás con refrentes que te hayan sumado en la búsqueda?
Si bien no faltan ejemplos de libros que reproduzcan este tipo de fotos en Norteamérica (el male bonding) o en Europa, no los encontré en el Río de la Plata, de ahí la idea de dar a conocer estas fotos de mi colección en forma de libro, con un respaldo acerca de la Historia de Fotografía en el Río de la Plata en los Siglos XIX y XX, que terminó convirtiéndose en ENTRE MACHOS.
¿Recordás algo sobre la primera foto de este tipo que convocó tu atención?
No me resulta fácil recordar la primera foto que llamó mi atención sobre este tipo de imágenes, pero las que se reproducen en las páginas 56, 66, 73 y 102 del libro, están sin duda entre las que promovieron la idea de una valoración común.
Muchos hombres rioplatenses han mostrado en fotos las amistades viriles que los unen.
Este libro propone ejemplos  de esa libertad que ha sido sellada en fotografías

Alguna escuché que escribir, escribimos todos, pero escritores hay pocos. En pleno siglo XXI la fotografía es moneda corriente, todos sacan fotos (pero no todos son fotógrafos) Las camaras digitales, el celular, las redes sociales, el exhibicionismo, la imagen imponiéndose o ayudando a reafirmar aquello que “ya ha muerto” como bien cita Miguel en su libro a Susan Sontag. ¿Podremos confiar en los formatos digitales? ¿Sobrevirán de la misma manera que aquellos cuadrados o rectángulos en sepia o blanco y negro? Un CD puede contener miles de fotografías y su promedio de vida es de 2 años, y de 5 a 10 si se lo conserva adecuadamente. En 1988, el directór Gustavo Mosquera R. estrenó una película con Hugo Soto y Charly García, se llamaba “Lo que vendrá”, en el afiche se leía: Para nosotros siempre habrá un futuro posible, ¿pero cual?

Pietro Salemme